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¿Quién fue el primer Papa?

Sep 16

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La pregunta parece sencilla y no lo es tanto, porque detrás hay otra más incómoda: ¿estuvo san Pedro en Roma? Hay quien lo niega. Y si nunca estuvo allí, el papado se queda sin cimiento.

Conviene ir por partes.

Quién era Pedro antes de ser Pedro

Se llamaba Simón, era pescador en el lago de Galilea y tenía suegra, lo que significa que estaba casado. Nada en su origen anunciaba nada. Cristo le cambió el nombre —Kefás en arameo, «piedra»— y le dijo aquello que está escrito en el capítulo 16 de san Mateo sobre edificar la Iglesia sobre esa piedra.

Lo interesante es lo que pasa después, en los Hechos de los Apóstoles. Ahí Pedro no aparece como uno más: predica el día de Pentecostés, dirige la elección del sucesor de Judas, habla en nombre de los Doce ante el Sanedrín, cura al tullido de nacimiento a la puerta del Templo, se enfrenta a Simón el Mago. Y toma la decisión que más consecuencias tuvo de todas: bautiza al centurión Cornelio, un pagano, y abre así la Iglesia a los gentiles.

En el concilio de Jerusalén, hacia el año 49, es él quien zanja la discusión sobre si los conversos venidos del paganismo debían cumplir la ley de Moisés. Y no es un detalle menor: el libro que narra todo eso está centrado en san Pablo, no en Pedro, y aun así Pedro sale una y otra vez como el que decide.

La cárcel de Herodes

Hacia el año 43, Herodes Agripa I desató una persecución en Jerusalén. Ya había ejecutado a Santiago el Mayor. Detuvo a Pedro con la intención de matarlo después de la Pascua.

La noche antes de la ejecución, según los Hechos, un ángel lo sacó de la prisión. Pedro avisó a los hermanos de que estaba vivo y se marchó «a otro lugar». El texto no dice cuál. Ese silencio es el que ha dado pie a dieciocho siglos de discusión.

Antes de Roma, Antioquía

Antes de llegar a Roma, Pedro pasó por Antioquía, la tercera ciudad del Imperio y la primera comunidad donde a los discípulos se les llamó «cristianos».

La Tradición lo tiene por primer obispo de aquella sede, y la Iglesia lo celebra todavía con la fiesta de la Cátedra de San Pedro en Antioquía. Lo sostienen Orígenes, Teodoreto, san Juan Crisóstomo y san León Magno. San Pablo menciona de pasada su estancia allí, al contar el famoso encontronazo que tuvieron por el trato con los conversos paganos. Y Eusebio de Cesarea da el dato que cierra el asunto: el sucesor de Pedro en Antioquía se llamaba Evodio. Se sucede a quien ha ocupado un puesto.

Lo más probable es que esa primera estancia fuera hacia los años 36 o 37, después de la persecución que siguió al martirio de san Esteban.

Roma: qué dicen los textos

Nadie sabe con certeza quién llevó el Evangelio a Roma. Lo más verosímil es que fueran judíos convertidos en Pentecostés que volvieron a la capital. Pedro no fue el primero en predicar allí. Pero sí fue quien organizó aquella comunidad y quien la gobernó.

Los testimonios son tempranos y vienen de sitios muy distintos, lo cual importa mucho: san Clemente Romano, san Ignacio de Antioquía, Dionisio de Corinto, san Ireneo de Lyon, Tertuliano en África. Roma, Siria, Grecia, Galia, el norte de África. Gente que no se conocía entre sí, escribiendo en lenguas y décadas distintas, dando por supuesto lo mismo.

Hay además un detalle interno. La primera carta de san Pedro termina diciendo «os saluda la que está en Babilonia». En el lenguaje cifrado de los cristianos perseguidos, Babilonia era Roma. Y de Roma salió también el Evangelio de san Marcos, escrito —dice la Tradición más antigua— recogiendo la predicación oral de Pedro, de quien Marcos era discípulo.

Lo que apareció debajo de la basílica

Durante siglos esto fue cuestión de textos. En el siglo XX dejó de serlo.

Las excavaciones bajo la basílica de San Pedro sacaron a la luz una necrópolis romana y, en ella, un sepulcro que llevaba siendo venerado desde los primeros siglos. Alrededor aparecieron grafitos de peregrinos. Y algo más elocuente todavía: las tumbas de alrededor están orientadas hacia ese punto, como quien quiere ser enterrado cerca de alguien importante.

Encima de aquella pequeña memoria Constantino levantó su basílica en el siglo IV. Y encima de la de Constantino se levantó la actual. Tres construcciones sucesivas, separadas por más de mil años, centradas milimétricamente en el mismo punto. Nadie mueve una basílica de sitio por capricho.

Cómo murió

La fecha exacta no se sabe. Tuvo que ser entre el año 64, cuando estalla la persecución de Nerón tras el incendio de Roma, y el 68, cuando Nerón muere. La Tradición más extendida señala el 67, y sitúa en el mismo año el martirio de Pedro y el de Pablo.

Pedro fue crucificado en la colina vaticana. Con la cabeza hacia abajo, cuenta la Tradición, porque pidió no morir igual que su Maestro.

Entonces, el primer Papa

Sí: san Pedro. No porque llevara tiara ni gobernara desde un palacio —nada de eso existía—, sino porque ejerció de hecho lo que la palabra significa. Fue el que hablaba por los demás, el que decidía en los momentos difíciles, el que abrió la Iglesia a los paganos, el que organizó la comunidad de Roma y el que murió allí dando testimonio.

Y hay una cosa que suele pasarse por alto. El Nuevo Testamento no esconde sus defectos. Cuenta que negó tres veces a Cristo la noche del prendimiento. Cuenta que san Pablo le echó en cara en público su manera de actuar en Antioquía. Una institución que se inventara a su fundador no lo habría pintado así.

 

La figura de san Pedro, la Iglesia de Antioquía y la Iglesia de Roma se estudian en la Clase II del Curso de Historia Antigua de la Iglesia Católica, que imparte el P. Gabriel Calvo Zarraute en la Escuela de Pensamiento Católico Melchor Cano. El manual del curso es su libro «Historia de la Iglesia Católica. Edad Antigua».