Nuevo curso: Introducción a la Sagrada Escritura. Primera clase el 15 de octubre.

Nuevo curso: Introducción a la Sagrada Escritura, con el P. Gabriel Calvo Zarraute

Oct 1 / Marcos Vera

La Escuela de Pensamiento Católico Melchor Cano abre la matrícula de su tercer curso: Introducción a la Sagrada Escritura, impartido por el P. Gabriel Calvo Zarraute. La primera clase se publica el jueves 15 de octubre.

La ficha, de un vistazo

ProfesorP. Gabriel Calvo Zarraute
Clases12, grabadas · una por semana
Primera claseJueves 15 de octubre
MatrículaAbierta siempre
Precio60 €, pago único
Al terminarCertificado de la Escuela

No es un curso de lectura devota de la Biblia, ni un recorrido por los libros sagrados uno a uno. Es lo que tradicionalmente se llama una introducción general: el conjunto de cuestiones que hay que tener resueltas antes de abrir la Escritura para que su lectura dé fruto. Qué significa que un libro esté inspirado. En qué sentido la Biblia dice verdad. Quién fijó la lista de sus libros y con qué criterios. Cómo ha llegado el texto hasta nosotros. Qué reglas gobiernan su interpretación y cuáles son los límites de los métodos modernos.

Por qué hace falta un curso así

Mucha gente que quiere leer la Biblia empieza por el Génesis, capítulo uno, y abandona en el Levítico. Otros la abren por donde caen y sacan conclusiones que nadie en veinte siglos de Iglesia había sacado. Y una parte considerable no la abre nunca, por la sospecha difusa de que hay algo ahí que no se entiende sin ayuda.

Esa sospecha, por cierto, es acertada.

 

«En las palabras de la Escritura se oculta gran número de verdades que sobrepujan en mucho la fuerza y la penetración de la razón humana (…) de manera que nadie puede sin guía penetrar en ellos.»

León XIII · Providentissimus Deus

Este curso es esa guía. No sustituye a la lectura de la Biblia: la hace posible.

¿Por qué estudiar la inspiración y el canon antes de leer la Biblia?

Porque de esas dos cuestiones depende todo lo demás. Si la Escritura fuera solo un libro religioso antiguo, cada cual podría leerla a su manera. Si tiene a Dios por autor, la pregunta cambia: ya no es qué me sugiere a mí este pasaje, sino qué quiso decir Dios por medio del hombre que lo escribió. El Concilio lo formula así: «…Dios eligió y empleó hombres en posesión de sus facultades y capacidades, y actuó en ellos y por medio de ellos, para que escribiesen como verdaderos autores, todo y solo lo que Él quería» (Dei Verbum 11).

De la inspiración se sigue la verdad de la Biblia. El mismo número de la constitución enseña que «…los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación» (Dei Verbum 11). El curso dedica una clase entera a lo que esto significa y a lo que no significa: cómo leer las descripciones del mundo natural, las narraciones históricas y los distintos géneros literarios sin rebajar nada de lo que el texto afirma.

El canon responde a la pregunta previa: cuáles son esos libros. La Iglesia no los fabricó ni los aprobó como quien da el visto bueno a una obra humana, sino que los reconoció. La definición solemne llegó con el Concilio de Trento, en la sesión del 8 de abril de 1546, frente a los reformadores que, en nombre de la sola Scriptura, habían adoptado para el Antiguo Testamento el canon restringido de la Biblia hebrea. El curso explica qué criterios siguió la Iglesia y por qué.

Quién lo imparte

El P. Gabriel Calvo Zarraute es ya conocido de los alumnos de la Escuela: suyos son el Curso de Historia Antigua de la Iglesia Católica y los manuales que lo acompañan, publicados por Páginas Contrarrevolucionarias. Su manera de enseñar es la de la teología de siempre: definiciones precisas, distinciones claras, apoyo constante en el Magisterio y en los Padres, y ninguna concesión a las modas exegéticas.

Las doce clases

ILa revelación de Dios (Dei Verbum 2-6)
IILa inspiración: planteamiento y visión diacrónica
IIILa inspiración: sistematización
IVLa verdad de la Biblia
VEl canon bíblico
VIEl texto bíblico, las versiones y la crítica textual
VIILa teoría de los sentidos bíblicos. La noemática bíblica
VIIIMétodos y acercamientos en la exégesis bíblica
IXGeografía e historia bíblicas
XInstituciones del pueblo de Israel
XIFiestas israelitas
XIISíntesis final. Palabra de Dios: Escritura y Tradición

El curso incluye además, como anexos, los documentos que han fijado la doctrina católica sobre la Escritura: Providentissimus Deus, Spiritus Paraclitus, Divino Afflante Spiritu, Dei Verbum y los números correspondientes del Catecismo.

Las cuatro primeras clases forman un bloque. Parten de la revelación, es decir, de cómo Dios ha querido darse a conocer al hombre, y llegan a la inspiración y a la verdad de la Biblia. El manual define la Escritura con las palabras del Concilio: el conjunto de libros que, «escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia» (Dei Verbum 11). Todo el curso descansa sobre esa definición.

La quinta y la sexta tratan del canon y del texto. Se estudia por qué se distingue entre libros protocanónicos, deuterocanónicos y apócrifos, qué criterios externos, internos y eclesiales sirvieron para reconocer los libros sagrados, y cómo se llegó a la definición de Trento. Después se sigue el camino del texto: el hebreo del Antiguo Testamento, el griego del Nuevo, las versiones antiguas, como los targumim arameos, y las reglas con que la crítica textual separa la lectura original de sus alteraciones.

La séptima y la octava son las que más ayudan a leer con provecho. Una explica los sentidos de la Escritura. La otra examina los métodos modernos de exégesis, desde el método histórico-crítico hasta la escuela de la historia de las formas que iniciaron H. Gunkel y, para el Nuevo Testamento, M. Dibelius y R. Bultmann. Se trata de saber qué aportan y dónde está su límite cuando parten de supuestos racionalistas.

Las clases novena, décima y undécima bajan al terreno: la geografía de Palestina, la historia de Israel, el sacerdocio y las demás instituciones del pueblo elegido, y su calendario de fiestas. Lo justifica una frase de Pablo VI en Nazaret: «…lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de lo que Jesús se sirvió para revelarse al mundo» (alocución en Nazaret, 5 de enero de 1964).

La última clase lo reúne todo en una síntesis: la Escritura como palabra de Dios inseparable de la Tradición y del Magisterio. Es la enseñanza del Concilio, según la cual los tres «están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas» (Dei Verbum 10).

¿Qué son los sentidos de la Escritura?

Es probablemente lo que más cambia la manera de leer. La tradición distingue el sentido literal, lo que el autor inspirado quiso decir con sus palabras, y el sentido espiritual, lo que Dios quiso significar por medio de las realidades que esas palabras nombran. El manual pone el ejemplo del maná: en sentido literal es el alimento con que Dios sustentó a su pueblo en el desierto durante cuarenta años; en sentido espiritual, anuncia la Eucaristía.

El sentido espiritual se divide a su vez en tres. El alegórico o típico refiere los hechos del Antiguo Testamento a Cristo y a su Iglesia. El moral o tropológico muestra cómo debe obrar el cristiano. El anagógico levanta la mirada hacia las realidades eternas y edifica la esperanza.

Hay una regla que ordena todo esto, y el manual la toma de santo Tomás: «Todos los sentidos se fundan sobre el sentido literal, que es el único del que se pueden sacar argumentos» (Suma Teológica, I, q. 1, a. 10, ad 1). El sentido espiritual no es una licencia para la imaginación. Si no se respeta esa regla de oro, advierte el P. Calvo, fácilmente se acaba sustituyendo el sentido espiritual con elucubraciones de la fantasía.

Por encima de los sentidos está el principio general que fija el Concilio: «…como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió, para descubrir con exactitud el sentido de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta debidamente la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe» (Dei Verbum 12).

Cómo funciona

Las clases están grabadas, no son en directo. Se publica una por semana a partir del 15 de octubre, de modo que el curso avance a un ritmo que se pueda seguir sin agobio, pero cada alumno las ve cuando le conviene y las repite las veces que quiera.

La matrícula está abierta de forma permanente. Quien entre el 15 de octubre y quien entre dentro de seis meses tendrán el mismo acceso a todo el material. No hay plazo que se cierre ni grupo que se llene.

El manual

Manual del curso

Introducción a la Sagrada Escritura
Fundamentos teológicos para una comprensión católica de la Biblia

P. Gabriel Calvo Zarraute, con prólogo de Mn. Jaime Mercant Simó. 514 páginas. Páginas Contrarrevolucionarias.

No está incluido en la matrícula y no es obligatorio para seguir las clases, pero quien quiera estudiar en serio lo agradecerá: las clases siguen su orden y sus definiciones.

Ver el libro en la editorial

El prólogo es de Mn. Jaime Mercant Simó, que presenta la obra como un libro para iniciarse en el estudio bíblico y, a la vez, como «un recurso de consulta constante». Es una descripción exacta: el manual sigue en doce capítulos las doce clases y recoge al final los cinco documentos magisteriales sobre la Escritura, de modo que el alumno tiene en un solo volumen la explicación y las fuentes.

El libro se abre con unos consejos de san Agustín a los lectores de la Escritura, tomados de Sobre la doctrina cristiana (II, 9). El primero marca el tono de todo el curso: «Lo primero en este empeño y trabajo ha de ser conocer estos libros, leyéndolos, aunque no todavía para entenderlos; más bien, o para aprenderlos de memoria o, por lo menos, para que no le sean enteramente desconocidos».

Precio y becas

El curso cuesta 60 €, en un pago único, con acceso permanente. Siguen en vigor las becas de la Escuela: la beca sacerdotal, para sacerdotes, seminaristas y religiosos; la beca familiar; y el descuento por recomendación. Se aplican con su cupón en la página de pago.

A nadie que quiera formarse se le deja fuera por dinero. Si las becas no bastan en algún caso, basta con escribir y se busca la manera.

Al terminar las doce clases, el alumno recibe el certificado de la Escuela. Las becas alcanzan a sacerdotes, seminaristas y religiosos, a las familias numerosas y a los alumnos de Hispanoamérica.

Para seguir leyendo

Matrícula abierta

Introducción a la Sagrada Escritura

Doce clases · Primera clase el 15 de octubre · 60 €

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